Natalia Lukacs | Pinturas | Junio - julio - agosto de 2011

Creación de la intimidad

Expo Jauja inaugura una nueva edición dedicada a la difusión de artistas patagónicos. En esta ocasión se expondrán las obras de la barilochense Natalia Lukacs.

"delicadeza
de la luz haciendo un recinto, copia
o descubrir de la mirada, cueva,
claro en el monte donde se tejen
lo creído propio con la madre ajena"

Diana Bellesi

En estas series coexisten distintas aproximaciones a la pintura. Pero algo es común a ellas: lo minucioso y concentrado de su elaboración, el manejo del tiempo y el espacio, lo profesado. En esta declaración pública que es la obra, Natalia confiesa estar entre dos tensiones: la sublime armonía de la naturaleza y la razonabilidad que de ésta deviene.

En ambos géneros implicados -paisaje y retrato-, es la acción de pintar el espacio la dinámica que esto provoca. En los paisajes, el vector de movimiento se torna más y más horizontal, como si, esa abundancia de reposo, asegurara algo de la armonía natural, de aquel que pinta y aquello que es pintado. Los planos escenográficamente separados, generan un espacio iluso, subordinando el color al modelado. Cada módulo parece repetirse como posible morada de una posta infinita.

Los cuerpos verticalizan el rasgo cultural, pero es, desde ese vértigo, que nace la aterradora mirada sobre aquello que por desmesura, atoniza. Y con esa difusión de lo sensible, irrumpe la unidad musical, ese silencio que distancia y dispone la contemplación. Detrás de la figura erguida, vibración tímbrica de lo que resuena: aquello que callado acompaña.

Natalia Lukacs parece una pintora de géneros. También su obra subraya cierta función decorativa, cierta apariencia de superficialidad atribuida hoy a la belleza. Sin embargo, este lugar de cita que la artista propone, esta cosmografía del tiempo, es más un mapa íntimo, una sucesión simbólica que orienta, limita y ordena, lo que desde la naturaleza acecha: nuestra propia bio-lógica, nuestro temido instinto animal.

Pablo Cortondo, 2011

Natalia Sabina Lukacs

- Nace en Buenos Aires.
- En 1976 se muda a Bariloche donde realiza sus estudios secundarios.
- A partir de 1984 estudia en la Escuela Nacional de Arte Prilidiano Pueyrredón y en distintos talleres de artistas reconocidos como Osvaldo Attila y Georgina Labró.
- En diciembre de 1987 viaja a Europa, donde terminará viviendo nueve años 9 años.
- Durante este tiempo estudia en la Escuela Cantonal de Arte de la ciudad de Lausanne, Suiza. Allí recibe un Certificado en Arte, un Diploma en la especialidad de Pintura, y el Titulo de Profesora en Arte.
- Vuelve a Bariloche en 1996. La Fundación Antorchas le otorga dos becas de estudio y una Beca para visitar la Bienal de San Pablo.
- Su trabajo se centra en la pintura y el dibujo.
- Desde 1995 realiza exposiciones colectivas e individuales.
+ info: http://www.natalialukacs.blogspot.com/

Exponendos

Desde el inicio de la historia, el descubrimiento de lo esencial es el motor de la búsqueda humana.

¿Qué se esconde en una semilla? La pregunta tiene múltiples respuestas, y la obra de Catalina Galdón, tiene la ventaja de no apuntar a una sola de ellas. Las figuras, explotadas por la visión a través del microscopio electrónico, saltan sus límites formales para instalarse en una nueva dimensión, no sólo física, sino también temporal y ontológica, pues las transforma en reflexión. En una reflexión no exenta de un componente científico, muy presente en el arte contemporáneo de Bariloche, aunque en su obra ese componente no es excluyente ni definitivo.

Por primera vez, recurre aquí al dibujo y la tinta, que combina con la cerámica, y lo hace con la misma precisión y delicadeza con la que le vimos usar técnicas tan disímiles como el bordado o el encaje, conservando el mismo afán expresivo que trasciende la mera documentación, para instalarse en un mundo simbólico y poético.

Una semilla conserva en su interior todo el material genético necesario para generar, en condiciones adecuadas, una nueva vida. Y así como podríamos decir que una semilla esconde la totalidad de la planta, las semillas de Galdón nos anuncian una nueva etapa en su producción, guardando en su interior la totalidad potencial de su obra precedente.

En la obra de Natalia Lukacs, esa búsqueda de la esencia se expresa por otros medios. La presencia de la serie “(no sé cómo se llamará finalmente la serie de los hombrecitos)” marca, sin duda, una impronta contundente en el desarrollo de su obra. Existe en esas figuras algo que remite a lo sagrado, pero no al patetismo al que nos ha acostumbrado varios siglos de mal arte sacro, sino al empleo de un esquematismo elemental, común al expresado en las primeras civilizaciones, especialmente entre los Sumerios. Pero entiéndase bien, Lukacs no intenta la representación esquemática de un hombre concreto, como lo haría el arte egipcio o mas tarde el cubismo, ella pinta un hombre arquetípico, y el resultado es mucho más la expresión de una idea platónica que la representación de una realidad tangible. Todo ello lo logra a través de una increíble economía expresiva, en donde todo el peso se concentra en el poder hipnótico de la mirada. Y la prueba de que Lukacs es una artista de valía, es que logra transmitir el mismo sentido de grandeza arquetípica, la misma cualidad hipnótica, no sólo al resto de sus figuras sino también a sus paisajes; que adquieren por momentos el poder de sugerencia que en Japón obtienen las imágenes de montañas.

En esa búsqueda de lo esencial, en esa voluntad de “mirar en grande”, mucho más allá de un estricto sentido literal, reside el aspecto común de la obra de estas dos artistas. Y es también, lo que da unidad conceptual a esta muestra.

Osvaldo Paván, Exponendos, San Carlos de Bariloche, SCUM, Julio de 2009.

Exponendos

Esta muestra está compuesta por dos grupos de obras. Un grupo, es un conjunto de pinturas que tienen como tema central la figura humana. En general estas pinturas están organizadas en base al contraste generado entre la sensación de volumen de las figuras y los planos de colores saturados del fondo. Las figuras están inspiradas en esculturas de culturas primitivas donde el cuerpo adquiere poses hieráticas, con formas simplificadas, no siendo un objetivo representar un profundo conocimiento de la anatomía humana. Dentro de este grupo de pinturas está la serie titulada “hombrecitos de color”. Esta serie explora en cuanto a las figuras, los rasgos de los rostros de la niñez y juventud masculinas. En cuanto al color; es un estudio de los colores neutros de la piel en contraste con tonos fríos y saturados del fondo. Esta serie y las demás pinturas pretenden ser lo suficientemente ambiguas y ricas como para generar distintas interpretaciones.

El segundo grupo de pinturas está conformado por 4 paisajes, dos de gran formato, y dos de pequeño formato. La composición tiene una estructura muy sencilla, idealizada, un paisaje interno que toma algunas referencias de la realidad.

Natalia Lukacs, Exponendos, San Carlos de Bariloche, SCUM, Julio de 2009.

Y la pintura se hizo carne

Según el norteamericano Arthur Danto cualquier cosa puede devenir obra de arte mientras haya una filosofía que la constituya como tal. Teoría que es muy funcional a la hora de interpretar esos objetos ambiguos que por alguna razón, a primera vista misteriosa, están expuestos en algún Museo o en aquella Galería que no quiere perderse ninguno de los innumerables últimos gritos de la moda posthistórica. Teoría que también nos da una mano cuando alguien desde el sentido común nos hace la incómoda pregunta: ¿eso es arte?

Pero más allá de anécdotas contemporáneas y evoluciones artísticas que arraigan específicamente en el aquí y ahora, todavía podemos disfrutar hoy de ese arte perenne donde prevalecen los valores que son vigencia en todo tiempo y espacio. Y aquí la teoría de Danto no tiene mucho que aportarnos. Porque ni los objetos son ambiguos, ni la manufactura está ausente, ni el artista se limitó sólo a resignificar una realidad ya existente. Y es desde esta perspectiva desde donde se puede apreciar más profundamente la pintura de Natalia Lukacs: materiales tradicionales, ausencia de intervención tecnológica, soporte imprescindible, destreza técnica y creación casi “ex nihilo”. No en vano, es la base del arte del viejo mundo que alguna vez desembarcó en una América del Sur que ya tenía su propia tradición pictórica arraigada en los mismos principios.

Como la misma Natalia, que volvió a Bariloche (junto con su marido y su primera hija) después de ocho años de residencia en Europa. Acá nacería su segundo hijo. Había estudiado pintura cuatro años en la Pueyrredón, de ahí se fue a Suiza y completó tres años más para obtener un Certificado en Arte y un Diploma en Pintura. Visitó museos, compró libros y disfrutó de la excelente calidad de los materiales, pero “los afectos tiran y un día quisimos volver” concluye rememorando. Hoy da clases en el taller que tiene en su casa en Melipal y en la Escuela de Arte del kilómetro 7. Se define como “amante de la técnica y de la tradición. Pertenezco al grupo de los resistentes. La pintura es nada más que pintura pero sobre todo pintura. Parto de aquello que sé que me puede llevar hacia la armonía y el equilibrio y desde ahí avanzo sola”. Y efectivamente se puede dar el lujo del virtuoso. Domina magistralmente la técnica del dibujo y los requisitos de la acuarela, el óleo y el acrílico. La seriedad y el método caracterizan su trabajo.

Le gustan los colores saturados y usa la paleta de los impresionistas que no utilizaban el negro para mezclar. Como sus figuras, los colores son definidos y personales, no se pierden entre ellos, sino que se distancian, permanecen en una absoluta y a veces difícil soledad. Su serie “Hombrecitos” (Oleo sobre tela, 2007) que presentó en la muestra que realizó junto con Catalina Galdón en el SCUM y en el proyecto “Flores de la Estepa. Florecer en la adversidad” (Sala ex correo y Sala Frey, 2009) nos presenta personajes distantes y sufrientes, hieráticos e impermeables. Están ahí, no hablan ni se mueven, sólo miran.

El interés por la figura humana atraviesa y sobresale en toda su trayectoria. El cuerpo como tema y la carne como motivo. Cuerpos dobles o duplicados, que interactúan o se reflejan, que a veces sólo son contiguos porque no parecieran reconocerse unos a otros. En “Medusas” (Oleo sobre tela, 2007) el rojo intenso del fondo delimita tanto como las líneas de las dos medusas que encierran los cuerpos en tonos marrones y grises. Primacía de torsos, en el último tiempo son pocas las extremidades que aparecen. Ya en el 2001 en “Ahí va Paul” (Oleo sobre tela), las tres mujeres, cita clara a la obra de Gauguin, esconden la parte inferior de su cuerpo tras la pared que al mismo tiempo las sostiene.

Estas pinturas no pasan desapercibidas, ni conviven tranquilamente como aquellos decorados que sólo después de mucho tiempo notamos que estaban presentes. No. Definitivamente la obra de Natalia Lukacs ocupa el lugar y parece nos interpela desde su ubicación inmutable. No giran alrededor nuestro sino que somos nosotros los imantados y movilizados de acuerdo a su existencia. Tercer giro copernicano diría Kant. Los “Hombrecitos” nos miran, los “Ahogados” nos llaman, las “Medusas” nos petrifican, las naturalezas muertas, por las dudas, nos hacen respirar hondo. Difícil describirla con adjetivos, lo mejor es elegir la contundencia de un sustantivo: presencia. Su obra se hace presente y habita entre nosotros. Ni como mero agregado, ni como anécdota prescindible, una vez que llegó lo hizo para quedarse.

Angeles Smart, Revista Aire, Bariloche, enero 2010.

Buscando la Alquimia de los colores, la magia que esconden sus combinaciones. “Contrastes simultáneos”, escribía Chevreul en su Teoría del color del siglo XIX. Maestro químico de los tapices Gobelinos en Francia.

Ondulaciones de matices que acompañan las mil y una curvas y rectas de la estepa. Perfiles caprichosos de eras geológicas antiguas y más recientes. “La pintura es un muro de piedras por donde vuelan los pájaros”, dijo Nicolás De Stael. El plano y el espacio, dialéctica iniciada en el Renacimiento, que sigue cambiando e intrigando a los pintores.

Busco en la naturaleza reflejos, formas y texturas. En la tela, mi memoria, junta, juega y ajusta, siguiendo el ritmo de una visión.

Natalia Lukacs, Guanacazul, Buenos Aires, 2011.

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